viernes, 5 de marzo de 2010

Los Verdaderos Saqueadores.. prepárense!!

(Los verdaderos saqueadores, publicado en The Clinic)

"Preocupados por unos pocos saqueos a supermercados….?

Esperen un poco a que los verdaderos saqueadores expertos empiecen a hacer de las suyas…
Ya caerán sobre las victimas y todos nosotros…

Quienes compren sus terrenos donde estuvieron sus hogares a mínimos precios…
Quienes aumenten injustificadamente los precios de alimentos, materiales de construcción, pasajes, y créditos…
Quienes ademas de buscar excusas para no pagar los seguros comprometidos, nos suban las primas a todos los que no sufrimos daños…
Quienes ademas de no sufrir castigos y multas por sus deficientes construcciones, pidan menos fiscalización y acelerar los tramites y controles para volver a reconstruir el país…
Quienes justifiquen vender las pocas empresas estatales que nos quedan Codelco, Enap, y otras a precio de huevo para financiar cuatro años de reconstrucción nacional y nos dejen sin nada para el futuro…
Quienes pidan rebajar impuestos a las empresas, para ayudar a dar trabajo????…

Esto ya paso en Tailandia después del Tsunami con pésimos resultados para los que perdieron todo y los que pudieron salvar algo…

Los pescadores artesanales tuvieron que entregar sus caletas a empresas privadas, los poblados costeros se convirtieron en lujosos resorts y hoteles, y sus habitantes fueron desplazados a otras zonas sin trabajo ni ayuda…

Mucho me temo que el próximo gobierno no este preparado para defendernos a todos de esta peligrosa ola de pillaje que se nos viene encima, sino que mucho peor sea uno de quienes la promueven…

Echenle una miradita a La Doctrina del Shock de la Naomi Klein."

Por Carlos Fernández

El Artículo original en este enlace

MANU(el Andres) SANDOVAL (Baros)
...."Deja la Vida Volar"....
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miércoles, 3 de marzo de 2010

El terremoto y el desafío de otro Chile

("TRIBUNA: ARIEL DORFMAN", publicado el 03/Marzo en el diario El País)

"Fue hace casi 50 años atrás cuando me tocó mi primer terremoto, el que todavía me causa pesadillas.

Me encontraba, ese 22 de mayo de 1960, presenciando un partido de fútbol en el Estadio Nacional en Santiago de Chile cuando se oyó un ruido ensordecedor y, de pronto, así como así, desaparecieron las montañas. No exagero: el estadio comenzó a mecerse como si fuera una cuna y se levantó un extremo en el aire, borrando de mis ojos la cordillera de los Andes. Por suerte, en unos segundos volvieron a aparecer las montañas y las graderías recobraron alguna mínima estabilidad. En la cancha algunos jugadores socarrones siguieron tratando de darle a la pelota y meter un gol avieso, pero ellos rebotaban más que el balón, así que el árbitro, de bruces en el suelo, dio por finalizado el encuentro deportivo. Era que no: acabábamos de pasar por una actividad sísmica de 9.6 en la escala de Richter, la de mayor magnitud registrada hasta ese instante por los sismógrafos.

No tardamos en saber que el epicentro había sido unos seiscientos y tantos kilómetros al sur de Santiago y que la devastación era masiva. Tal vez peor que la convulsión de la tierra misma, que había arrasado con pueblos enteros, inmolando a miles de inocentes, fue la marejada que barrió nuestra costa. Viajé a esa región unos meses después y vi con mis propios ojos los mástiles de navíos hundidos en el río Valdivia a una larga distancia del mar y los restos de los colosales altos hornos de Corral que, en vez de fundir metales ahora mostraban sus torsos agobiados por las aguas invasoras. Y supe también del sufrimiento y el terror. De boca de los sobrevivientes, escuché de hombres, mujeres, pequeños que, huyendo hacia los cerros, habían sido succionados por el tsunami mar adentro como si fuesen retazos de madera.

Todo esto lo recuerdo ahora, décadas más tarde, mientras miro, esta vez desde lejos, esta vez desde la seguridad de mi hogar en Estados Unidos, otro terremoto voraz que ha querido desbaratar mi país. Recuerdo lo que siempre hemos llamado el gran terremoto de 1960 como una manera de ofrecerme alguna perspectiva histórica sobre este último y nuevo seísmo, a ver si esto me ayuda a descubrir algún posible sentido a lo que nos acaba de ocurrir.

Es obsceno comparar cataclismos como si fueran competidores en un concurso de horrores -éste costó tantos billones, estotro tantas vidas- y, sin embargo, es posible que medir lo que ha cambiado en Chile durante el medio siglo que transcurre entre estos dos desastres mayores pueda contribuir a responder la pregunta más urgente del momento: ¿y ahora, qué va a pasar?Chile es hoy un país significativamente más próspero de lo que era hace 50 años. Su economía se considera la más dinámica y avanzada de América Latina, si bien sigue afligida por una desigualdad en la distribución del ingreso que es tan abismal como vergonzante. Esta relativa afluencia de Chile (con un PIB per cápita casi 15 veces más que en 1960) nos deja mejor equipados para enfrentar la catástrofe actual, ya que tenemos recursos humanos y científicos que no podríamos ni haber soñado antaño, hasta el punto de que nuestra maravillosa presidenta saliente, Michelle Bachelet, inicialmente informó a la comunidad internacional que el país no iba a requerir asistencia extranjera (una posición que llegó a modificar, de manera que ya está empezando a llegar ayuda desde afuera). Paradójicamente, tales avances de Chile en su tecnología, su abundancia de bienes materiales, sus múltiples pasos a nivel, su enorme flota de aviones y autos, su plenitud de altos edificios, deja al país y a sus ciudadanos extrañamente vulnerables y hasta desamparados. Mientras más carreteras se tiene, más fracturas puede sufrir el pavimento.

Y esta riqueza, por lo demás, no se ha acumulado sin severas consecuencias sociales y hasta morales. En 1960, una nación desmembrada logró aunarse para emprender juntos la tarea de la restauración. Yo me pasé las semanas después del terremoto ayudando a recoger dinero, víveres, frazadas, colchones, que fueron enviados al sur con caravanas de entusiastas estudiantes y voluntarios (entre ellos iba mi futura esposa, Angélica, que se pasó un mes reconstruyendo viviendas en el pueblo de Nacimiento). Fue una lección de solidaridad que nunca he olvidado: aquellos que menos poseían fueron los que más dieron, más se preocuparon, más se sacrificaron por sus compatriotas malheridos. Si Chile hoy es más opulento, también se ha vuelto una sociedad más egocéntrica e individualista donde, en vez de una visión de justicia social para todos, la ciudadanía se dedica, en su mayoría, a consumir en forma desenfrenada, lo que acarrea, por lo demás, un estrés y deterioro psíquico considerable en la población.

Como todo infortunio descomunal, la tragedia reciente de Chile puede entenderse como una prueba, una oportunidad para preguntarnos quiénes somos de verdad, lo que de veras importa en cuanto vayamos llevando a cabo la reparación, no sólo de nuestros hospitales derribados y autorrutas cortadas y huesos molidos, sino también de nuestra precaria identidad.

Creo que las fuentes más profundas de solidaridad que presencié durante el terremoto de 1960 todavía se encuentran fluyendo adentro de la amplia mayoría de los chilenos, y han de constituir el semillero desde el cual van a brotar los esfuerzos más duraderos y relevantes para levantar a nuestro país de su actual desolación, el motivo por el cual habremos tal vez de prevalecer una vez más, como en tantas contingencias pasadas, contra las fuerzas ciegas y roncas de la naturaleza.

Hace 50 años atrás, el pueblo de Chile halló un modo de sobrevivir a la muerte y al quebranto, y tengo la esperanza de que en esta ocasión triste también podremos, con dolor y con duelo y hasta, sí, con alegría, volver a llevar a cabo de nuevo aquella hazaña que nos necesita a todos.

Ariel Dorfman es escritor chileno. Su último libro es la novela Americanos: Los Pasos de Murieta."

¡¡FUERZA CHILE!!

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MANU(el Andres) SANDOVAL (Baros)
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¡Viva Chile, mierda!

("ANÁLISIS: Catástrofe en Chile", de ANTONIO CAÑO, publicado el 03/marzo en el Diario EL País de España)

"En los últimos años han sido frecuentes y merecidos los elogios a Chile por la sabia conducción de su democracia y su economía. Eso es mérito, en gran medida, del carácter humilde y práctico de un pueblo que se ve ahora frente a uno de los mayores retos de su historia.

La laboriosidad de los chilenos es prototípica en América Latina. El respeto mundial a Chile y la presencia de sus ciudadanos en áreas de responsabilidad internacional excede con mucho al peso que el país tiene por tamaño y población. Actualmente, sólo en Washington, hay un chileno al frente de la OEA, otro como máximo responsable de la política latinoamericana en el Departamento de Estado y otro como el principal asesor del liderazgo republicano en el Senado. Varios esperan cargos relevantes en los próximos meses y muchos más ocupan posiciones dirigentes en el sector público, universidades y centros de influencia. En Europa se pueden citar multitud de casos similares desde Suecia a España.

En América Latina a veces los chilenos producen más envidia que admiración. Sus vecinos argentinos, que los han ignorado por décadas, se atormentan ahora con un complejo de inferioridad. Por el norte, Perú y Bolivia no han superado el rencor de conflictos pasados y siguen identificando a Chile con sus demonios. Los mismos chilenos que nosotros vemos prudentes y discretos, algunos latinoamericanos los ven sigilosos y taimados.

Las cualidades del pueblo chileno son capaces, sin embargo, de resplandecer por encima de todas las dudas. El valor con el que combatieron la dictadura sólo es comparable al virtuosismo con el que la liquidaron. Su capacidad para conciliar razas, ideas y credos es un ejemplo y una garantía de su propio progreso. Saldrán fortalecidos de este desastre. Lo superarán con sus armas de siempre: su tenacidad y su modestia. Aunque los éxitos de los últimos años les han dado a los chilenos una mayor confianza en sí mismos, no les gusta presumir de sus propias virtudes y paganizan su orgullo nacional con el incomparable grito de ¡Viva Chile, mierda!"

FUERZA CHILE!!!

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MANU(el Andres) SANDOVAL (Baros)
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lunes, 1 de marzo de 2010

FUERZA CHILE




MANU(el Andres) SANDOVAL (Baros)
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La Tierra se quiere quedar dormida

Al despertar, el día sábado, le pregunte a mi hija si estaba muy asustada o si recordaba lo que nos paso durante la noche… No recordaba nada, solo que la despertamos y tuvo que dormir en nuestros brazos… Al explicarle de terremotos y réplicas, ella concluyó que la Tierra se movía porque estaba tratando de quedarse dormida…

Pasadas las 3:30 de la mañana del sábado 27 de febrero: la Tierra se sacudió con una fuerza que muy pocas veces el mundo está acostumbrado a ver; se fue la luz, el teléfono, sólo una radio (la siempre incondicional en momentos como este) a pilas trataba de llamarnos a la calma y de “mostrarnos” qué pasaba con las familias como nosotros en el resto del país… La oscuridad y la incertidumbre en plena noche siguieron al susto de perder algo más que la casa con el tremendo remezón que nos saco semidesnudos a la calle, un café caliente para calmarnos, una conversación en familia y después ordenar algo para que tratar que las futuras réplicas no provocaran más daños, y tratar, en lo posible, de conciliar nuevamente el sueño…

Como la casa es de adobe el terremoto dejo mucha tierra (a veces en terrones) por todos lados, muros descascarados y grietas a la vista en los añosos muros de barro; ya teníamos noticias de la familia más cercana y el almuerzo juntos fue necesario para seguir alejando el temor.

La energía eléctrica llegó el sábado en la noche, pudimos ver impactantes imágenes del sur; en cada contacto desde la costa de la Región del Maule o del Bio Bio, sentía que nuestro susto y nuestros problemas eran nimios y no ameritaban ser comentados, ni siquiera recordados. El dolor profundo y la incertidumbre real, no estaba tan cerca de nosotros: estaba en los miles de incomunicados y sus familiares que, por las imágenes que nos llegaban, muy buenas noticias no deberían tener. El Mar, con su siempre poderoso ir y venir, no resistió el empujón que desde sus entrañas le mando la Tierra; y al poco tiempo del terremoto, terminó por destruir las casas y arrastrar todo (lamentablemente personas incluidas) a su paso por varios pueblos y ciudades costeras del país. Los que alcanzaron a escapar hoy no tienen luz, agua, comunicación ni combustible para poder retomar contacto con sus familias… Los otros no sabemos dónde están….

No dejo de pensar en la frase de Florencia, “la Tierra se quiere quedar dormida”, es cierto: la Tierra está viva, y sus sacudidas (como sus Volcanes y tormentas) debemos entenderlas como parte de nuestra vida, de la realidad, siempre estarán presentes. Debemos construir nuestras ciudades y vivir la vida siempre pensando en ella, en nuestra relación con ella. Ella que los Mapuche llaman la Ñuke Mapu (Madre Tierra), ella que a nuestros pies ahora se mueve para poder dormirse.

No existe respeto hacia la Ñuke Mapu, incluso a veces la ignoramos: basta ver en las noticias como edificios recién construidos no resistieron y están en el suelo, al lado de antiguas construcciones, que más allá de cicatrices en sus fachadas aun cobijan a sus habitantes, cual es la responsabilidad y falta de ética de las constructoras e inmobiliarias que se pusieron a vender como hogares u oficina estas débiles construcciones. O las flamantes autopistas urbanas que a manos de concesionarias que vendían modernidad, seguridad y progreso hoy tienen puentes cortados e importantes desniveles en diferentes puntos, y nadie nos pide disculpas. O el vergonzoso actuar de las autoridades que se olvidaron de mirar al oeste pasado el terremoto, y no oyeron el instinto y la cultura de quienes siempre han vivido bañados por el Mar; no alertaron a la gente para correr a lugares elevados y así evitar que las olas furiosas cobraran más vidas humanas. O lo ilógico e insultante que resulta que en medio de la tragedia aparezcan vándalos que roban televisores desde supermercados u otros que cobran elevados precios por alimentos de primera necesidad... Ni siquiera a nosotros mismos nos respetamos

Los que han perdido a sus familiares, los que han perdidos sus bienes materiales, ahora miraran con susto el Mar, para ellos solo será una frase sin sentido esa del “mar que tranquilo te baña”… Pero la culpa es nuestra, se nos ha olvidado a todos, a algunos más que otros, que tenemos VIDA bajo los pies, que con esa vida debemos convivir e integrarnos, como parte de ella, a sus ciclos.

Hoy tenemos que levantar la cabeza, apretar los dientes para que no duela tanto el sufrimiento y la destrucción. Poner las manos y el corazón para que Chile se levante, y ojala levantarlo sobre nuevos cimientos, construir pueblos y ciudades respetando y oyendo a la Ñuke Mapu; que veamos a la Tierra como la Madre acogedora que es y que ella nos vuelva a reconocer como sus hijos, porque seguirá moviéndose, los volcanes seguirán bramando y el Mar no detendrá su vaivén. La idea es que evitemos que nuevos movimientos nos destruyan tanto y que el Mar, cuando decida ir a saludar a las montañas, no pase por encima, o su paso al menos no sea tan destructor.

Florencia: tranquila, por ahora vamos a quedarnos calladitos y nos moveremos poco para que la Tierra pueda quedarse dormida…


MANU(el Andres) SANDOVAL (Baros)
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